Jesús dijo a los discípulos que les daba un «mandamiento nuevo» (Jn 13:34). ¿Cuál era este mandamiento? «Que os améis unos a otros». La esencia de este mandamiento se encuentra en Levítico 19:18 y 19:34. ¿Qué quiso decir Jesús con «nuevo»? No quiso decir nuevo en esencia, ni siquiera nuevo en forma. Más bien, parece que quiso decir nuevo en espíritu o en aplicación. Compárese también con las instrucciones de Juan en 1 Juan 2:7–8, donde indica que su mandamiento nuevo en realidad no es nuevo.
De la misma manera, algunos de los Salmos que hablan de cantar un «cántico nuevo» podrían no estar refiriéndose a un cántico que presente un mensaje diferente del que ya se ha oído, sino más bien podrían estar exhortando a una renovación del espíritu en quienes cantan (Sal 96:1; 144:9; 149:1). Las otras referencias en el Salterio a «cánticos nuevos» (Sal 33:3; 40:3; 98:1) y en Isaías (Is 42:10) también podrían estar refiriéndose a un espíritu renovado. Como ha observado Brian Schwertley:
«Algunos piensan que “nuevo” en “cántico nuevo” simplemente significa que el salmista está pidiendo al pueblo de Dios que cante un cántico inspirado que aún no les es familiar. Otros piensan que la frase “cantad cántico nuevo” es una frase litúrgica equivalente a “den todo lo que tienen”. Calvino considera que “nuevo” equivale a raro y selecto».1
Aun si todas estas referencias debieran entenderse como alusiones a cánticos completamente nuevos, esto no proporciona autorización para que las personas de hoy compongan nuevos cánticos para usarlos en la adoración. Los autores de todos los Salmos y de Isaías eran miembros del oficio profético del AT, escribían bajo la dirección del Espíritu Santo y estaban autorizados para componer nuevas piezas como parte de la revelación progresiva de Dios.
Los otros dos casos de «cántico nuevo» se encuentran en Apocalipsis (5:9; 14:3)2. Hablando de estas referencias, Michael Bushell escribe:
«El concepto de “novedad” en el libro de Apocalipsis se usa, pues, como un recurso poético para expresar en un sentido intensificado la plenitud y el alcance de la redención escatológica de todas las cosas. El “cántico nuevo”, el “nombre nuevo”, los “cielos nuevos”, la “tierra nueva” y la “nueva Jerusalén” son todos aún futuros. El hecho de que tengamos en estas visiones una anticipación presente de esta novedad no proporciona mayor fundamento para la producción de cánticos “nuevos” para la adoración que el que proporciona para construir una “nueva Jerusalén”. De hecho, ocurre exactamente lo contrario. Es muy significativo, en realidad, que el canto de adoración se coloque en la categoría de las cosas “nuevas” de la visión de Juan. El rasgo distintivo de la “novedad” atribuida a estos objetos es su origen divino».3
Algunos afirman que restringirnos a los Salmos implica que no podríamos cantar el cántico nuevo de Apocalipsis 14:3. Preguntan por qué no deberíamos tener permitido cantar ese nuevo cántico celestial. John Cotton, en su obra Singing of Psalms a Gospel Ordinance (1647), utiliza el mismo argumento, no para justificar el canto de himnos, sino para justificar el canto de otras partes de la Escritura, como Apocalipsis 15:3–4.
En el caso de Apocalipsis 14:3 no se nos dice qué cantaban los santos en el cielo. Tendremos que esperar hasta llegar al cielo para saberlo. Con respecto a Apocalipsis 15:3–4, debemos considerar la referencia al templo en 15:5. Esto puede indicar que la visión de Juan trataba de una representación simbólica del culto en el templo, lo que sugiere que el libro de Apocalipsis pudo haber sido escrito antes del año 70 d. C., más bien que alrededor del año 90 d. C., como tradicionalmente se ha creído. En el cielo eterno ya no habrá templo (Ap 21:22), de modo que lo que Juan vio en Apocalipsis 15:5 era algo pasajero4.
Apocalipsis 15:3–4 puede ser una metonimia (figura retórica en la que se sustituye el todo por una parte) o un resumen de lo que se cantó, más que un registro de las palabras exactas. Es posible que la referencia nos esté diciendo que cantaron los Salmos (Sal 86:8–10; 111:2, 4, 7; 71:22; 9:16; 64:9). Sin embargo, la referencia al «cántico de Moisés» (Ap 15:3) complica la cuestión de qué cantaron, porque ninguno de los Salmos que contienen frases similares parece haber sido compuesto por Moisés.
Sea como fuere, las palabras se atribuyen a Cristo (el Cordero) y a Moisés, un profeta de Dios. Estas palabras también salen de los labios de criaturas sin pecado. Las composiciones humanas actuales no son producidas ni por profetas ni por criaturas sin pecado.
Aun si los santos en el cielo cantaron (o cantan) estas palabras exactas como una composición verdaderamente nueva, su ejemplo no se aplica a nosotros, que vivimos al final de los «Últimos Días», bajo la economía apostólica del NT. Los santos en el cielo se encuentran bajo una administración pactual diferente (el Pacto Eterno), del mismo modo que los santos del AT estaban bajo una administración pactual (abrahámica; sinaítica o mosaica) y esperaban otra (Jer 31:30–34). Ellos no habrían tenido derecho a introducir anticipadamente elementos del Nuevo Pacto (por ejemplo, los sacramentos sin derramamiento de sangre) antes de que llegara lo prometido.
En el cielo, probablemente se nos introducirá a un nuevo orden de adoración como parte de la administración pactual del Pacto Eterno. Por ejemplo, la Cena del Señor probablemente será reemplazada por la cena de las bodas del Cordero (Ap 19:9), y las señales pactuales volverán a ser el árbol de la vida y el sabbat eterno. Es posible que los cánticos del cielo sean distintos de los que se encuentran en el Salterio (por ejemplo, ya no necesitaremos pedir limpieza o perdón como en Salmos 19:12; 25:11; 51:2, 7; 79:9). Es posible que todos los creyentes ejerzan el oficio de profeta y compongan cánticos verdaderamente nuevos para alabar a Dios por toda la eternidad.
Pero nada de esto habla de la administración pactual actual bajo la cual vivimos.
«El libro de Apocalipsis está lleno, hasta rebosar, de ritos oscuros, de tronos y templos, y de toda una multitud de actos litúrgicos que no pueden relacionarse en modo alguno con nuestras propias circunstancias de adoración. El intento de derivar elementos de culto a partir de una literatura apocalíptica como esta sólo puede conducir al caos litúrgico».5
- W. S. Plumer, Psalms (Carlisle, PA: Banner of Truth, [1867] 1975), p. 408. Citado en: Brian Schwertley, «A Brief Examination of Exclusive Psalmody», http://reformedonline.com/view/reformedonline/psalms.htm#f2. ↩︎
- La palabra griega καινὴν, usada aquí, indica una novedad cualitativa y es distinta de la palabra griega νέος, que significa «nuevo en su clase» o «de origen reciente». ↩︎
- Michael Bushell, The Songs of Zion: A Contemporary Case for Exclusive Psalmody, citado arriba, p. 79. ↩︎
- La mayoría de los estudiosos datan Apocalipsis alrededor del año 90 d. C. Sin embargo, Kenneth Gentry ofrece un argumento convincente para situarlo alrededor del año 68 d. C., en tiempos de Nerón: Kenneth Gentry, The Beast of Revelation 666 (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1989). ↩︎
- Michael Bushell, The Songs of Zion (Pittsburgh, PA: Crown and Covenant Publications), citado arriba, p. 78. ↩︎
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