Los mismos Salmos ordenan a los creyentes cantar un cántico nuevo. «Cantadle cántico nuevo; / Hacedlo bien, tañendo con júbilo» (Sal 33:3). «Cantad a Jehová cántico nuevo; / Cantad a Jehová, toda la tierra» (Sal 96:1). «¡Aleluya! / Cantad a Jehová cántico nuevo; / Su alabanza sea en la congregación de los santos» (Sal 149:1).
Coppes apela a Isaías 42:1, 9 y 10 para defender su postura:
«He aquí mi Siervo, yo le sostendré; / mi Escogido, en quien mi alma tiene contentamiento. / He puesto sobre Él mi Espíritu; / Él traerá justicia a las naciones… He aquí, se cumplieron las cosas primeras, / y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias. / Cantad a Jehová un cántico nuevo, / su alabanza desde el extremo de la tierra» (cursivas añadidas).
Aludiendo al versículo 9, Coppes afirma: «Este versículo define “nuevo” como algo que aún no existe en el período del Antiguo Testamento».⁹ Luego sostiene que la exégesis correcta de Isaías 42:10 queda fijada por Apocalipsis 5:9, donde Dios nos muestra a los santos en el cielo cantando «un cántico nuevo»:
«Y cantaban un cántico nuevo, diciendo:
Digno eres de tomar el libro
y de abrir sus sellos;
porque Tú fuiste inmolado,
y con tu sangre nos has redimido para Dios
de todo linaje y lengua y pueblo y nación…»
«Así vemos que, en la adoración celestial, los santos congregados delante del trono de Dios, y por tanto dentro del lugar santísimo celestial, están cantando un cántico nuevo, como fue profetizado en Isaías 42:10, y las palabras son palabras nuevas, es decir, palabras que no están registradas como uno de los salmos del Antiguo Testamento (cf. Apoc 14:3)».¹⁰
Esta objeción plantea tres cuestiones importantes: la comprensión bíblica del término «nuevo», la interpretación de Isaías 42:10 y nuestra relación con la alabanza del pueblo de Dios presentada en el libro de Apocalipsis.
¿Cuál es la comprensión bíblica de los términos «nuevo» y «novedad»?
George Ladd enseña: «La idea de novedad es claramente escatológica… La idea de novedad conserva su carácter escatológico en el Nuevo Testamento».¹¹ Es decir, los creyentes viven en una era en la que el futuro ya ha amanecido. La edad venidera está irrumpiendo en esta edad presente. «Así», como afirma Vos, «el otro mundo, hasta ahora futuro, se ha hecho presente».¹² Esta es la escatología realizada, el «ya» pero «todavía no».
R. A. Harrisville añade que «el “nuevo pacto” es un concepto escatológico».¹³ Harrisville repasa cuatro características de este concepto de novedad.
La primera es la del contraste: «El nuevo pacto existe en contraste con el antiguo por el hecho de que la comunidad fundada sobre él ya no está regida por una autoridad externa desde fuera (es decir, la letra de la ley), sino que es motivada desde dentro por el Espíritu de Dios».¹⁴ Este rasgo de novedad, contraste o discontinuidad, presupone una segunda característica: «el elemento de continuidad. El nuevo pacto no reemplaza al antiguo, sino que brota de él y se relaciona con él como cumplimiento respecto de la promesa».¹⁵ El nuevo pacto es, en esencia, uno con el antiguo; lo nuevo es una nueva administración del mismo pacto de gracia.
Un tercer «rasgo distintivo de la idea» de novedad «es su elemento dinámico».¹⁶ Este elemento dinámico se explica por el poder de Jesucristo y su obra redentora.¹⁷ La novedad se ve y se experimenta en y por medio de textos como 2 Corintios 5:17: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (cursivas añadidas). El cristiano es una nueva criatura o una nueva creación. En la persona recién convertida ha tenido lugar un gran cambio. Hay discontinuidad con el pasado. Sin embargo, la persona recién convertida puede seguir siendo reconocida con facilidad: existe una continuidad definida con el pasado. Esta tensión se da debido al elemento dinámico del poder de Cristo introducido en la vida del creyente.
El cuarto rasgo distintivo de lo «nuevo» es la finalidad: «La renovación por la fe es definitiva; no puede repetirse porque el creyente ha sido situado dentro del período último y final de la actividad redentora de Dios, que se apresura hacia su meta».¹⁸ Hay una nota de finalidad en la novedad porque, como se observó en el capítulo anterior, el plan escatológico de Dios llegará a su plena consumación.
Esta cuádruple característica de la novedad en la Escritura —contraste, continuidad, dinamismo y finalidad— armoniza bien con el elemento subjetivo y con la escatología del Salterio. Desde esta perspectiva, es simplista sostener que «nuevo» se refiere a algo que aún no existe.
Juan 13:34 es un ejemplo esclarecedor: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros». Harrisville comenta: «El mandamiento nuevo es, por tanto, la regla de la nueva comunidad escatológica. Es un mandamiento escatológico… Así, aunque el mandamiento no es nuevo desde un punto de vista puramente histórico, sí es nuevo tal como es dado por Jesús».¹⁹
¿Cuál es la correcta interpretación de Isaías 42:10?
El texto dice: «Cantad a Jehová un cántico nuevo, / su alabanza desde el extremo de la tierra». Las palabras de Isaías son un mandato sencillo: exhorta al pueblo de Dios a cantar la alabanza de Dios. Deben cantar un cántico nuevo. «Aquí, “nuevo” se contrasta con lo ordinario, y así ensalza la infinita misericordia de Dios, que iba a ser revelada en Cristo y que, por lo tanto, debía ser celebrada y cantada con las más altas alabanzas».²⁰
El cántico nuevo es el cántico de la gloria y bendición futuras, cantado como si esa gloria y bendición futuras estuvieran ya presentes. ¿Cómo podían los creyentes cantar un cántico así? Calvino responde: «Debemos notar que este cántico no puede ser entonado sino por hombres renovados; porque debe proceder del sentimiento más profundo del corazón y, por tanto, necesitamos la dirección del Espíritu para que podamos cantar estas alabanzas de manera adecuada».²¹ Calvino alude al elemento subjetivo que se ha mencionado más arriba.
Calvino continúa: «Además, no exhorta a una sola nación o a unas pocas naciones a hacer esto, sino a todas las naciones del mundo; porque a todas ellas fue enviado Cristo».²² El elemento escatológico se hace notar con fuerza en la exposición de Calvino. En el caso de Isaías 42:10, el cántico nuevo puede consistir en cantos antiguos entonados por un corazón nuevo. Si es así, y si el Espíritu guía, los cánticos proféticos de David y de Asaf, con su impulso escatológico y su marcado elemento subjetivo, se ajustan bien al mandato de Dios por medio de Isaías. Isaías 42:10 no manda cánticos nuevos y diferentes con palabras nuevas y diferentes.
¿Qué hay de la conexión del creyente con la alabanza retratada en Apocalipsis?
Un tratamiento más completo de esta pregunta deberá esperar al análisis de la adoración celestial que se presenta en el libro de Apocalipsis y del uso de instrumentos musicales en el culto. El principio básico es que Dios ordena a los creyentes atenerse a los principios de adoración que Él establece para la época en la que viven.
Cuando Dios manda construir el tabernáculo e instituye sacrificios en ese lugar específico, cambia la adoración en Israel. El pueblo no tiene permitido seguir utilizando los estándares de adoración que habían sido observados anteriormente por Abraham. Cuando, por mandato de Dios, David añade el canto de los Salmos y otros instrumentos musicales al culto en el tabernáculo y en el templo, el pueblo ya no tiene permiso para volver a la forma más sencilla de adoración bajo Moisés. Del mismo modo, quienes vivían en los días de David y Salomón no podían anticiparse y ajustar su adoración a la nueva era que el Mesías habría de inaugurar. No se les permitía abandonar los principios de adoración ordenados por Dios para su tiempo.
De manera análoga, los creyentes hoy están obligados a mantener las normas de adoración que Dios les da para esta edad presente. No les corresponde a ellos incorporar al culto actual elementos de la adoración de otra época, ya sea anterior o posterior. Este argumento no es sino otra forma de enunciar el principio regulador de la adoración.
Referencias
- Coppes, Exclusive Psalmody, 6.
- Ibid., 7.
- George Eldon Ladd, A New Testament Theology (Grand Rapids: Eerdmans, 1993), 521–522.
- Geerhardus Vos, The Pauline Eschatology (Grand Rapids: Baker, 1979), 38.
- R. A. Harrisville, «The Concept of Newness in the New Testament», Journal of Biblical Literature 74:2 (junio de 1955): 73.
- Ibid.
- Ibid., 74.
- Ibid.
- Ibid., 75.
- Ibid., 76–77.
- Ibid., 79.
- Juan Calvino, Commentary on the Prophet Isaiah, trad. William Pringle (Grand Rapids: Baker, 1979), 299.
- Ibid.
- Ibid.
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